Nacido en el siglo XIX y heredero de un título nobiliario británico,​ tenía una cara extra en la parte posterior de la cabeza. Dicha cara duplicada no podía ver, comer, ni hablar en voz alta, pero se decía de ella que "se burlaba mientras Mordake estaba feliz" y "sonreía mientras Mordake lloraba".

Mordake les suplicaba repetidamente a los médicos que le quitaran su "cara de demonio", alegando que le susurraba cosas de las que "uno solo hablaría en el infierno" por la noche, pero ningún médico probó intentarlo. 

Según cuenta la leyenda que Con 23 años y sumido en una profunda depresión, Edward Mordrake se quitaría la vida ahorcándose en el balcón de un piso que había alquilado.

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