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¿Alguna vez te has preguntado por qué se llama así en español, portugués, francés, italiano....?

Pues nos tenemos que remontar al siglo XVIII, y obviamente el lugar: Rusia. Durante los festivales de invierno, los petersburgueses construían rampas gigantes de madera en plazas públicas y mansiones opulentas, las cubrían con nieve que rociaban con agua para formar una gruesa capa de hielo resbaladizo... y se lanzaban, sin titubeos ni frenos.

Una de las grandes fanáticas de la popular diversión era nada menos que Catalina la Grande. De hecho, encargó uno propio, y más tarde pidió que le pusieran ruedas al trineo -ya no de hielo- para poder disfrutarlo todo el año,  y así nació la primera montaña rusa moderna.

Para mediados del siglo XIX, las montañas de hielo rusas eran más que populares en patios y casas de clase alta. Pero fueron los soldados franceses que visitaban la ciudad durante las guerras napoleónicas quienes exportaron la idea.

Les gustaron tanto las montañas de hielo rusas que hablaron de ellas de vuelta en casa, y en 1812 se construyó la primera con carros fijados a los rieles en Belleville, Francia. Las llamaron: "Les Montagnes Russes".

En EE.UU. empezaron a volverse populares con la invención del carrito eléctrico diseñado para transportar carbón y material industrial de un lugar a otro, que viajaban sobre rieles. Los operadores se dieron cuenta que podían sacarles dinero si le vendían boletos a la gente para que se montara en ellos y notaron que a sus clientes les gustaban las subidas, bajadas y vueltas ... y el resto, como dicen, es historia.

Una historia que se volvió en parte estadounidense, tanto que, curiosamente, en Rusia el nombre de las montañas rusas es "montañas americanas".

Y una historia que hoy en día se mide en caídas picadas de más de 120 metros, velocidades de 240 km/h, frenazos en seco, curvas vertiginosas y hasta loopings que  hacen ponerte patas arriba , provocando un cúmulo de sensaciones físicas contradictorias de emoción, diversión, superación, valentia y miedo, pánico, vértigo, ansiedad.... de ahí su uso como metáfora de la vida misma: 

"La vida es como una montaña rusa. Y tú decides si gritar a cada tumbo o levantar los brazos en alto y disfrutar del Súbito Viaje. Eso sí en un parque de atracciones tú subes en busca de emociones, en la vida son las emociones las que te hacen parecer estar montado en ella, pero en ambos casos la autogestión es clave para salir con una sonrisa al final del trayecto".

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